jueves, febrero 11, 2010

La moneda de Camila

-¿Y que harás en Australia?- preguntó Miguel.
-Trataré de estudiar inglés, no puedo trabajar aún. Así que iré a clases- respondió Camila.
-Es algo raro ¿no?, te conozco poco tiempo, pero siento que te extrañaré. Nos hemos hecho buenos amigos- dijo él, sonriéndole.
-Si, vamos a ver qué pasa. Yo también te extrañaré- afirmó Camila, tratando de disimular su rubor.

La noche siguiente, en el aeropuerto. Camila dejaba todo listo para tomar el vuelo intercontinental hacia Melbourne, donde pasaría una temporada en casa de su hermana mayor.

-No voy a necesitar estas monedas que me han quedado en la cartera. ¿No las quieres?- preguntó Camila
-Tengo suficientes. Mi trabajo me lo permite- bromeó Miguel -Guárdalas para cuando regreses-
-No sé si regresaré, anda quédate aunque sea con una- dijo ella.
-mmm....está bien, pero quiero que le hagas una marca, así no termino pagando un cigarrillo con ellas. Además te la podré devolver cuando te vea de nuevo – dijo él.

Camila, apagó el cigarrillo, sacó un lapiz de labio de la cartera y dibujó un smile sobre la moneda de un nuevo sol, alcanzándosela a Miguel inmediatamente. Él guardó la moneda en su bolsillo y se despidió de Camila con un largo abrazo, mientras le susurraba al oído: “Quiero tener noticias tuyas para sentirme orgulloso”.

Minutos mas tarde, Camila, ubicada en la cabina del avión, pensaba cómo era posible que ese tal Miguel -que parecía tan interesante- haya sido dejado por su antigua novia, como él le había contado. -Ni bien llegue a casa de mi hermana, le escribiré un email- pensó ella. El avion aceleró con fuerza e inició su ascenso, mientras Camila, mirando las luces de Lima desde la ventanilla, sintió un hormigueo en el estómago que no supo distinguir si era causado por el vuelo o por este chico que dejaba en tierra.

Miguel, ya en su departamento, cogió un pedazo de papel y escribió el nombre de Camila junto a la fecha y la frase “...de Camila antes de irse a Australia”. Colocó la moneda en un envase de plástico y lo acomodó en el estante. -Mañana le escribiré un mail, esta chica tiene un gran corazón y es muy linda- se dijo Miguel. Mientras sentía un familiar hormigueo en el estómago del cual tampoco supo distinguir la causa.

1 comentario:

Franco dijo...

Miguel y su románticismo escéptico, quién lo diría todo un tío chapado a la antigua.