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miércoles, agosto 25, 2010

Noche de bares

Miguel bajo del taxi. Mientras ella le besaba el cuello, él intentó buscar las llaves del piso. No pudo encontrarlas.

-Tenemos un problema, le dijo.
-¿Qué pasa? le dijo ella mirándole a los ojos
-Tenemos que despertar a mi compañera de piso. He olvidado mis llaves.

Miguel tocó con fuerza el timbre, arriba en el quinto piso, una austriaca dormía plácidamente.

Todos los eventos se habían sucedido de forma inesperada. Como todo los viernes, él había llegado del trabajo pensando ver alguna película en el ordenador. Peter y Pavel, sus otros compañeros de piso, después de varias cervezas, lo animaron a salir. La zona de los clubes, en Londres, no era su preferida: siempre bulliciosos y con gente posh tratando de llamar la atención. Cinco cervezas más y con una que otra sustancia adicional en su organismo, Peter, Pavel y Miguel iban montados en un taxi rumbo a la zona de clubes. Los tres entraron a 'Moving', uno de los tantos clubes del lugar. Peter se acercó a la barra y pidió scotch para los tres. Minutos más tarde estaban bailando con un grupo de chicas.

-"What the fuck!!do you know what time it is?"- dijo Wendy, la compañera de piso de Miguel, visíblemente enfadada por haber sido despertada a las 4:00 am. Abrió la puerta y Miguel entró dirigiéndose al ascensor. La chica lo acompañó. Mientras subían, ambos se exploraba con las manos debajo de las ropas.

En el club el tiempo había corrido mas deprisa que lo normal. En un instante él bailaba entre las chicas quienes sonreían con complicidad y brillo ausente en los ojos. La chicas lo dejaron con una de ellas. Miguel tomó la iniciativa y la besó, ella le correspondió mordisqueándole el labio inferior. Él le preguntó si le apetecía acompañarlo a casa. Ella aceptó.

Los dos entraron al piso besándose y tropezando con los muebles en la oscuridad. Miguel la guió de memoria hacia su habitación. Su estado de embriaguez lo hacía sentirse como una película a cámara lenta. Su habitación desordenada, se le hacía luminosa y grande. Los dos cuerpos fueron descubriendo su desnudez hasta terminar fusionados en uno solo, fuera de toda inhibición y complejo.

Al día siguiente ella se despertó y le preguntó la hora. Son las 9:20 respondió Miguel, luego de examinar su móvil. Ella se vistió, y él pudo verla a contraluz. Piel blanca como la luna, una cintura estrecha y trasero ancho.

-Ha sido un placer Myhell- le dijo con un beso en la boca.
¿Por qué ninguna británica puede pronunciar MI-GUEL? se preguntó.. todas lo llamaban My-Hell que sonaba a 'Mi infierno'. ¿Acaso en eso se había convertido?
-Good bye sweety- respondió él, Tratando de recordar el nombre de ella. No pudo.

Miguel se quedó mirando el techo mientras oía que se marchaba. Se preguntó si ella se habría dado cuenta de que había olvidado su nombre, ¿se lo había preguntado?, creo que ni había sido necesario. Más tarde, al levantarse, descubrió sobre la mesa encontró una nota con un número de teléfono y una letra: V.

sábado, noviembre 21, 2009

Foto mental


Miguel extendió sus manos formando un rectángulo con el índice y el pulgar, cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir. Encuadró aquel instante, como siempre lo hacía con aquellos momentos que deseaba inmortalizar en su memoria. Con un poco de esfuerzo podía recordar cuándo empezó a tomar esas instantáneas personales.

Belinda le quedó mirando con sus impresionantes ojos verdes. El ordenador mostraba formas danzantes y coloridas al compás de la música. Las velas sobre la mesa ofrecían la iluminación suficiente para que la escena se hiciera sincera y perfecta.

El tiempo se detuvo por un instante, Miguel guardó su instantánea mental y pensó en cuánto la echaría de menos.

-Extrañaré estos momentos Belinda -dijo Miguel, en inglés.
-I know, me too. You're so cute - respondió ella.

Regresando en su auto, trató de contar cuántas veces había hecho instantaneas mentales: Recordaba cada una ellas: La primera que hizo en Barranco, con un pisco sour y Fátima. Recordaba también, la que hizo en casa de Camila -la siemrpe dulce Camila-, despidiéndose antes que ella partiera a Australia.
Cómo no recordar la que le hizo a Connie, la linda gaucha que conoció los meses que estuvo en Buenos Aires y, claro, la que le tomó a Carmen en LarcoMar contándole, delante de un café-moca, que dejaba definitivamente el Perú.

Cinco años después y un par de nuevas cicatrices en el corazón, habían hecho olvidar los -ahora lejanos- recuerdos de Fátima. El tiempo no había pasado en vano.

Miguel aparcó delante de su edificio y descendió del auto. La luna en el cielo brillaba con gran detalle, ofreciendo su embriagadora belleza a quien se detuviera a verla. Cosa que Miguel no pudo resistir.

La noche corría apacible en aquel silencioso pueblo europeo, mientras pocos transeúntes reparaban en aquel hombre que, con los brazos estirados y los ojos cerrados, formaba una extraña figura rectangular apuntando al cielo.

miércoles, septiembre 30, 2009

Nitro - Glicerina

Miguel siguió corriendo, atrás dejaba el distrito residencial internándose en el territorio de las tribus urbanas. Se detuvo en el parque frente al acantilado. El cielo dibujaba tonos rosáceos mientras el sol agonizaba en el horizonte. Miguel pensó en su pequeño mundo, su maltrecho corazón y en lo qué se sentiría saltar.
-No, mi salto debe ser más lejano - pensó.

Tres semanas después, tomaba un vuelo hacia Reino Unido. En el IPod sonaba Glycerine(1): pudo haber sido más fácil para los tres: tu, yo y nuestro viejo amigo el miedo.


(1)Glycerine, by Bush (1994)

lunes, noviembre 10, 2008

La cúpula celeste

La ciudad se veía triste, como muchas veces la había recorrido en taxi rumbo a casa de Fátima. Esa noche el corazón de Miguel corría de emoción, la iba a ver después de varias semanas. Habían quedado en ser amigos, pero cómo conformarse a ser sólo amigo de Fátima, la mujer que había provocado un antes y un después en su vida. La persona con la que aprendió a poseer una mujer y no una adolescente. La mujer a la que había perdonado dudas, temores y falta de fe en la relación.

Esa noche, volvería a ser de él. El cambio de trabajo había traído sus complicaciones, ausencias y un rompimiento hacía un mes. Sus intentos de verla nuevamente fueron infructuosos, ella insistía en darse un tiempo y él la había esperado. Pasadas las semanas, él no podía dejar de pensar en ella. Cuando por fin él le pidió visitarla, con la voz temblorosa al teléfono, Fátima aceptó verlo.

Al entrar a su casa, la vio radiante, como siempre él la veía. Fátima lo hizo pasar a la sala y él sintió que ella iluminaba la habitación. Ella empezó contándole su reciente rutina del trabajo, el curso de titulación y pequeñas cosas de su familia. Cuando la conversación agotó los temas banales, Miguel no resistió más:

-Te necesito a mi lado Fátima, te amo. Por favor hay que darnos otra oportunidad.
-Miguel, pensé que eso ya lo teníamos claro. Lo nuestro no funciona y mejor es que lo dejemos como está.
-Por favor Fátima, no me puedes hacer eso. Yo te amo. Regresa conmigo.
-No Miguel, es que, lo nuestro ya se acabó.
-Pero Fátima, podemos intentarlo.
-Es que no Miguel, no puedo.
-¿Como que no puedes? de qué hablas, es cuestión de que nos lo propongamos. Todo se puede.
-No puedo Miguel. Mucho menos ahora.
-¿Cómo? ¿que quieres decir, con 'mucho menos ahora'? No me vas a decir que estas saliendo con alguien.
-Pues si, por eso mismo no puedo.
-Me mientes, lo dices para que no te insista.
-No voy a regresar contigo Miguel y te digo en verdad que estoy saliendo con alguien.

Miguel siempre había temido que algo así pase. Su mayor inseguridad era perderla. Ella era una mujer atractiva, mucho más atractiva que las chicas promedio. Su relación siempre había tenido la amenaza de Francisco, el ex-novio. Él había sido una sombra que esperaba al acecho de sus peleas para ir detrás de ella. Esto no podía estar pasando... hasta dónde el sabía, Francisco se había regresado, con resignación, a la ciudad que lo vio nacer, hacía meses.

-Pero, sólo estás saliendo con esa persona, o ¿has empezado una nueva relación?.
-He empezado una relación, ahora tengo enamorado.

Cuando Miguel oyo esas palabras, pasó de la negación al pánico. Algo se rompía en su interior,

-Y de quien se trata- Preguntó Miguel, con la voz cambiada.
-No te lo puedo decir.
-Pero ¿como?, merezco saberlo. Dímelo por favor.
Fátima guardo silencio y desvió la mirada.
-Si te lo digo, prometes no hacer nada, para molestarme?
-Lo prometo. ¿Cómo podría hacerlo?
Fátima dudó un instante, que pareció eterno, antes de contestar:
-Es Gerardo
Miguel trató de recordar ese nombre pero no recordó a ninguno con ese nombre de entre los amigos de Fátima.
-¿Quien es Gerardo?
-Gerardo, el de la oficina.
Recién en ese momento, Miguel recordó al típico individuo divertido de las reuniones del trabajo, el que tenía una respuesta ingeniosa para todo y para todas. Quien, la noche de la reunión porque Miguel empezaba en otro trabajo. le dijo: no te preocupes, que acá cuidamos a tu novia.

-¿Pero cómo? ese oportunista.. ¿cómo ha podido? es un hijo de puta!.
-No digas eso Miguel, él es una buena persona y ahora estamos intentando tener algo serio.

Miguel sintió que en su estómago iba creciendo un vacío que lo empujaba hacía un abismo de dolor. Se despidió de Fátima, sin dejar de suplicarle inútilmente que le diera una oportunidad. Ella lo miró cómo sólo ella sabía hacerlo -mezcla de ĺástima y sabiduría- diciéndole que le deseaba toda la suerte del mundo, que él era una buena persona. Miguel se preguntó cómo podría encontrar la felicidad sin ella a su lado.

Miguel la miró por última vez en el portal y se despidió de esa casa, donde hacía un mes ella le había dicho que lo amaba mientras él la arropaba en su habitación. Las calles se veían mas tristes, el suelo seguía húmedo y la neblina empezaba a descender. Miguel sentía que una parte de él se moría al despedirse de esa casa, junto a la cúpula celeste, que esa noche apenas se distinguía.

lunes, enero 28, 2008

Tres disculpas

Miguel y Lucía se habían conocido en el primer año de instituto. Por aquellas épocas Miguel aprendió lo que era tener una enamorada oficial y varias no oficiales. Lucía, era ingenua y eso hizo las cosas fáciles. Finalizando el año, las mentiras no pudieron ocultarse más y la infidelidad de Miguel salió a la luz. Él, sin mucha pena, aceptó el rompimiento y posterioremente, a causa de nuevos horarios, tuvo cada vez menos noticias de Lucía.

-Aló, ¿Lucía? - Preguntó Miguel.
-Sí ¿quién habla?- respondió una voz familiar.
-ehh...soy Miguel. Quizás te sorprenda esta llamada
-Vaya, pues en realidad me sorprende bastante. ¿A qué se debe este milagro?- dijo Lucía, sin ocultar su falta de entusiasmo
-Bueno... llamaba para saber cómo te había ido todo este tiempo- inventó Miguel

Hacía poco Miguel había visto una película de suspenso llamada Línea Mortal. En dicha película, unos estudiantes de medicina se provocaban, entre ellos mismos, lo que se conoce como muerte clínica y luego se resucitaban; todo con el objetivo de anotar lo experimentado durante su corta experiencia con la muerte. El problema de sus experimentaciones, era que todos se traían del 'mas allá' recuerdos sensibles de su pasado, que se materializaban en vengativos justicieros que atormentaban a los protagonistas.

-Estoy bien, estoy trabajando en una consultora. No me pagan mucho, pero algo es algo- dijo Lucía, cortésmente.
-Mira Lucía, realmente te llamaba porque....no sé como decirlo... nunca te pedí disculpas por todo lo que pasó. Me porté muy mal contigo. Tú no lo merecías, yo fui una basura. Discúlpame por favor- digo Miguel
-Oye, no es necesario -dijo Lucía, tras una pausa- Eso ya pasó hace mucho tiempo y ahora no es momento de disculpas.
-Es que necesito que me disculpes. Las cosas no me van bien y creo que necesito tu perdón -dijo Miguel mientras sentía que su voz se quebraba.
-Oye Miguel, tranquilízate. Yo estoy bien, ahora tengo mi mente ocupada en alguien y soy feliz. Déjalo ahí. Te perdoné hace mucho ¿okey? Quédate tranquilo.

Miguel tenía recuerdos de los cuales no se sentía orgulloso. Llegó a pensar que lo que le había sucedido durante este último año, era el resultado de corazones malheridos, que había dejado en el camino. Los últimos acontecimientos le dejaban un sentimiento de temor a ser abandonado en cualquier momento: Fátima lo había engañado con su ex. El comportamiento de ella lo hacía sentirse inseguro y fácilmente influenciable.

Inspirado en la película que había visto, Miguel decidió que tenía que disculparse con su pasado...

-¿Aló, quién es?- dijo una voz femenina.
-Hola Roxanna, soy yo, Miguel.
-¿Miguel? qué sorpresa! hace tiempo que no sé de tí. ¿cómo has estado? - respondió una voz calmada.

Miguel nunca se enamorado realmente de Roxanna. Una compañera de instituto los presentó y al pasar las semanas, y luego de un campamento, le pidió ser su enamorado. En el fondo el sólo quería acostarse con ella. Al inicio Roxanna se mostró cautelosa, pero finalmente logró enamorarse. Al pasar unos meses, y al haber superado el interés inicial, a Miguel le importó poco dejarla llorando en la puerta de su casa: Roxanna no quería terminar con él y Miguel quería ser libre. Un par de encuentros más en un hostal, y la falsa ilusión de reconciliación, terminaron reduciendo su contacto a distantes llamadas telefónicas.

-Pues estoy mas o menos- dijo Miguel- En realidad no muy bien. Recuerdas que te hablé de Fátima? la chica de mi trabajo?
-Ah creo que sí, estabas con ella no?- recordó Roxanna.
-Pues tenemos cerca de un año, pero no nos va muy bien... pucha... siento que todo lo que hago es muy poco para ella. me ha pedido terminar varias veces, llegó a engañarme con su ex-novio y... no sé, todo indica que no me quiere. Pero... yo estoy enamorado de ella.
-mmm... sé muy bien de qué me hablas Miguelito. Lo sé muy bien- dijo Roxanna.
-no sé que hacer Rox, creo que la vida me está devolviendo todo lo malo que alguna vez he hecho sentir. Y eso te incluye a tí. Yo te hice sentir mal, quiero que me perdones por favor- dijo Miguel.
-Ay Miguelito. Eso ya fue - dijo Roxanna.
-Eres, demasiado buena Roxanna. En realidad sé que actué mal y que me aproveché, espero puedas perdonarme algún día- dijo Miguel mientras secaba sus lágrimas.
-En mi caso, yo sabía en qué me metía. Así es la vida Miguel. Te deseo lo mejor, en verdad. Ojalá puedas salir de tus problemas con Fátima.
-Muchas gracias Rox...muchas gracias en verdad.


Miguel siguió revisando su agenda. El último número que pensaba marcar era el de Carla, la apasionada madre soltera que conoció en una reunión y a la que hizo ilusionarse para llevársela a la cama. Pero después de unas semanas de estar saliendo, Miguel entró a trabajar y terminó con ella telefónicamente... no quiso verla más. Había conocido a una chica interesante en su trabajo llamada Fátima.

-¿Me puedes comunicar con Carla por favor?- preguntó Miguel, cuando oyó una voz masculina.
-¿De parte de quién? -dijo el hombre
-De Miguel
-¿Miguel? ¿Qué quieres de ella cabrón? suficiente daño ya le has hecho a mi hermana- dijo con tono enfurecido.
-eh... disculpa, solo quería saludarla hombre! -dijo Miguel tímidamente.
Se oyo un ruido en la línea y una voz femenina que luego se acercó al teléfono, era Carla:
-Hola Miguel, sorry...ya sabes, mi hermano es bastante celoso.
-eh.. no pasa nada Carla, esta bien. Sólo quisiera que me escuches un segundo. No te voy a quitar mucho tiempo.
-Oye se te oye raro. ¿Qué pasa?
-Carla, pensarás que estoy loco, pero sólo te puedo decir que no estoy pasando por un buen momento, tengo problemas a nivel personal y... no se... todo esto me hace pensar en cosas que hice mal y en personas que he dañado alguna vez... Por eso te llamo Carla: te debo una disculpa por todo lo que pasó, me porté como un patán contigo y tu no te merecías eso... sólo es eso, quería pedirte perdón.
-Bueno, es lo mínimo que esperaba de tí Miguel. Creo que nunca fuiste sincero, pero no te puedo decir te odio o algo así. Lo que pasó me hizo conocer mucho más a los hombres.
-No sé que decir Carla, en serio perdóname- Dijo Miguel
-Esta bien Miguel, no hay problema, estás perdonado.


Miguel colgó y pensó que en el fondo Carla era una admirable madre que hacía lo que mejor que podía para equilibrar su búsqueda de felicidad junto a la de su hijo. Un reto difícil.

La semana siguiente transcurrió de forma mas apacible que las anteriores. Fátima no se mostró tan fría como acostumbraba a ser, ni se inventó un motivo para terminar con él. Miguel pensó que quizás las culturas milenarias no se equivocaban y el mundo quizás funcionaba buscando cierto equilibrio divino: todo lo que damos un día, el destino nos lo devuelve después. Aún así, no le contó nada a Fátima. Ella era inteligente y práctica. Para ella, estas ideas habrían sido un ejercicio ridículo del pensamiento. Además, Miguel no podía mostrarse débil, sino como un hombre con ideas claras, seguridad y los recursos suficientes para hacerla feliz, aunque por dentro él sintiera que su corazón se hacía cada vez más pequeño.

sábado, octubre 13, 2007

Mensaje al móvil

La puerta del ascensor se abrió y Fátima salió al corredor, detrás de ella iba Miguel

-¿Te acompaño a tu casa? pregunto tímidamente.
-haz lo que quieras- respondió fríamente Fátima.
-Perdóname por favor.
-No me digas nada...eres un inmaduro.
-Fátima por favor, no me dejes, él empezó ¿cómo querías que reaccioné? con ese mensaje a tu móvil

Fátima no dijo nada y siguió caminando sin mirarlo.

-Pucha, se me fue la mano -dijo Miguel- Pero no sabes cómo me sentí, sentí muchos celos. ¿Por qué dejas que te diga 'bomboncito'? que clase de mensajes son esos.

El mensaje de texto había llegado mientras Miguel jugaba con el móvil de Fátima. El aparato timbró agudamente y en la pantalla apareció el nombre de Francisco, el ex-novio que hacía unas semanas, parecía haberse cansado de entrometerse en la relación de ambos.

"...ayer no pude contestarte porque estaba en clase, espero que todo esté bien. Te quiero mucho mi bomboncito..."
Fran.

-No tiene derecho a decirte eso, no debería ni siquiera llamarte. ¿O acaso aún mantienes contacto con él?- preguntó Miguel.
-Como ya te lo había explicado, el celular se marcó accidentalmente y tuve que interrumpír la llamada. Él me llamó luego pero yo no quise contestarle, ya no quiero tener contacto con él, por eso lo ignoro, ¿entiendes?. Para tu información hace semanas que no sé de él. Es mejor así. Y ahora tú le has enviado un mensaje provocador, sabiendo que él también va a reaccionar. ¿Acaso no piensas en las consecuencias? ¿no piensas en lo mal que me pone esta situación? Solo piensas en tí!- dijo Fátima, con ojos llorosos.

Miguel no tenía palabras para consolarla. Sentía que sus argumentos sonaban estúpidos. Se quedó en silencio recordando lo que había escrito como respuesta.
"... Soy Miguel, y el que te timbró fui yo. Fati no quiere nada contigo, ahora es mi enamorada. No vuelvas a molestar llorón de mierda..."
Miguel.

Había sido un golpe bajo, pero fue lo único que se le ocurrió para evitar que Francisco pensara que Fátima le había timbrado a propósito. Se sintió por un momento un héroe, el tipo de hombre que pone el pecho para salvar a su damisela. Pasada unas horas, Francisco había llamado a la oficina para pedirle explicaciones a Fátima.

-Quizás ella tenga razón, no debí comportarme así- pensó Miguel- No es raro, ella siempre tiene más razón que yo. Y ahora se ha molestado conmigo.

Subieron al taxi en silencio, y llegaron a casa de Fátima. Allí charlaron un poco mas calmados y Miguel pensó, que a pesar de que Fátima se había molestado, él había dejado en claro que la cuidaba y no dejaba que nadie le faltara el respeto. Se despidió con un beso de buenas noches y aunque la sintió distante, se convenció de que al día siguiente las cosas estarían más calmadas.

Fátima subió a su habitación, sacó su teléfono móvil, se sentó en la cama y marcó:

-Discúlpame Fran. Ya está solucionado, pero a veces tu mensajes me ponen en aprietos.
-No, discúlpame tú bomboncito, no quería meterte en problemas.
-Bueno, tienes que tener más cuidado
-Así es, ha sido un día agitado, mañana hablamos.
-Hasta mañana.
-Que descanses Fátima, te quiero mucho.
-Yo también Fran.

domingo, septiembre 30, 2007

La habitación de Miguel

"Dicen que si las habitaciones hablaran nos contarían muchas cosas. Pero, ahora que te veo el rostro de nuevo y este ajeno color, me pregunto: ¿Qué contarías tú?

Quizás puedas contar de cuando dormí por primera vez aquí a los quince años. De cómo me acostumbré a tenerte para mí después de haber compartido una habitación con mis hermanas y mi madre. Contarías las veces que me alejé del mundo oyendo música y queriendo ser como esos personajes que tenía pegados en tus paredes. De mis primeras conversaciones telefónicas adolescentes y de mis primeras desilusiones.

Podrías contar de mi etapa en el instituto, cuando aprendí, aparte de lo académico, lo que era ganar, perder, amar y traicionar.

O de la noche que me sentí morir, cuando Fátima empezó una nueva relación con ese sujeto de la empresa. También de mis siguiente noches destructivas. De mis madrugadas disipadas y de mi felicidad artificial. O de cuando conocí a Camila.

También podrías contar de cuando me deshice de esos recuerdos que sólo ocupaban espacio y no me dejaban verte tal cual. De cuando cerré tus puertas de forma definitiva, para emigrar a otras tierras.

Ahora he regresado ¿me reconoces?. Ya no soy esa persona que cobijaste y acompañaste en sus horas más íntimas. Tú no eres la misma tampoco, te veo más pequeña, incluso hasta noto más frágil. Y es que no sólo fuiste mi habitación, fuiste mi espacio, mi mente, mis recuerdos de adolescente y de hombre.

Hoy cerraré el trato con esos amables extraños y ya no te veré. Tus nuevos inquilinos te traerán más cosas que podrás contar en un universo imaginario, en un universo en donde las habitaciones pueden hablar."

Miguel cerró la puerta, salió de la casa y entró al auto. Miró a través del retrovisor, la casa que no volvería a ver jamás.

miércoles, agosto 29, 2007

El día que tembló la tierra

-¿Desearía donar 5 centavos a la Fundación de lucha contra el cáncer?- preguntó Lily.
-Está bien- repondío fríamente el cliente del supermercado. Eran las 6:30 en Lima y Lily contabas las horas para que acabe su turno, el día había sido como siempre. A través de las ventanas le había parecido ver hacía pocos minutos, como se ocultaba el sol.

-Es ella- dijo Eric dirigiéndose a su compañero, mientras se alejaban del patio principal de su instituto, en Surco. La chica que le gustaba estaba detenida en la entrada de un aula y conversaba con otra chica.
-mmm... está bonita- dijo su compañero. Por el pasadizo que desembocaba al patio, otros estudiantes entraban y salían con despreocupación. Eric se alejó caminando hacia la escalera al final del pasillo.

-Acompáñame al Señor de Luren, no seas malita- dijo Josefina
-Ay mamá. Hace frío allá afuera- dijo Betty, oyendo que el viento golpeaba las ventanas de su casa, en Ica.
-Vamos a pedir por tu hermana. Para que le vaya bien en Lima- le dijo.
-Está bien- respondió Betty, al mismo tiempo que el recuerdo de su hermana mayor la absorbía. Las dos habían sido muy unidas de pequeñas, pero ahora se veían poco, desde que Magda cumplió 18 años y se fue a trabajar a la capital.

-Rocky!- dijo Telmo, con un pedazo de hueso en la mano, mientras un perro delgado salía de un rincón de la sala y lo seguía moviendo la cola.
-Eres un sabido! espérate que me ensucias todo! - El perro lo siguió con saltos y movimientos circulares hasta la cocina. La tetera anunció que el agua hervía. Telmo apagó la cocina y llenó su taza con humeante café. La casa se veía últimamente más grande. La misma casa que había visto crecer y casarse a sus hijos. La misma casa que él había construido con sus propias manos hacía mas de cincuenta años.

-Soy asmático porque el Señor quiere poner a prueba mi fortaleza- se dijo para sí mismo Carlos, al mismo tiempo que sacaba de su pantalón escolar un cilindro y lo aspiraba. Lentamente sintió que su cuerpo respiraba normalmente. A su corta edad la biblia lo emocionaba, y repetía pasajes que leía junto a los chicos del templo evangélico, en Pisco. -Dios me ha dado una misión- se repetía mentalmente.

-Quiero un duchazo- dijo Marcelo abrazando por detrás a Daniela. Ella se sonrió mientras recibía las llaves y se giró empujándolo a la escalera. Marcelo y Daniela, con ropa deportiva y de porte atlético se adentraron al hotel. Estaban exhaustos, durante todo el día habían caminado por el mirador de lobos marinos, el museo del lugar y visitado una curiosa formación en la playa que la gente de Paracas había bautizado como 'la catedral' .

En Lima dieron las 6:40, fuera del supermercado las bocinas de los autos no dejaron que Lily oyera el rugir en las entrañas de la tierra. Sorprendida vio como las botellas de gaseosa empezaban a temblar. Volteó a hacia su compañera que la miraba con las manos en el estante y se percató que las bebidas se iban sacudíendo con más fuerza.

Eric, se detuvo en la escalera del instituto y dijo: "Ya va a pasar..". Las palabras salieron de su boca sin pensarlas, la mayoría de temblores no duran más de unos segundos, recordó. Y éste, que parecía haberse calmado después de varios segundos, se sentía aún a la distancia como un estremecimiento que se alejaba y regresaba con más fuerza -mierda!...- exclamó en voz baja.

En Ica, la iglesia estaba llena, la gente se había levantado de sus asientos y algunas mujeres empezaron a orar cuando el segundo sismo golpeó fuertemente. Las velas del altar cayeron y algunas mujeres lloraron. Betty creyó oír agua derramándose sobre al piso, volteó y vio que delgadas cascadas de tierra caían desde el techo de la antigua iglesia. Vio a su madre arrodillada al tiempo que oía gritos acompañados un fuerte ruido en aumento. De pronto sintió sintió que un gran peso caía en su espalda y todo quedó en penumbras.

Telmo, en su casa, avanzó hasta el salón mientras el perro ladraba con fuerza. Sintió que los retratos familiares caían al piso. El movimiento le hacía difícil avanzar. Escucho un ruido que lo dejó sordo y una nube de polvo lo cegó. La pared lateral se había caído y Rocky había dejado de ladrar. La puerta que daba a la calle estaba a pocos metros. Telmo intentó llegar, pero en ese momento el techo cedió encima de él, aplastándolo junto a los recuerdos de su vieja casa.

Carlos, estaba a cinco cuadras de la casa de sus padres. El sonido de las casas colapsando lo asustaron tanto como el movimiento de la tierra. Su corazón empezó a acelerar mientras un sudor frío recorría su frente. Recordó un pasaje del evangelio de San Mateo: "pecadores irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna." Miró al cielo y vio unos destellos azulados -es el juicio final- pensó. Corrió sin saber a dónde iba. El aparato medicinal había caído de sus manos y él intentaba respirar con grandes bocanadas de aire. Comenzó a sentir un ahogo, sus piernas temblaron y Carlos cayó al piso, no tuvo tiempo a ver que la fachada de una casa se desplomaba sobre su cuerpo.

Marcelo y Daniela estaban abrazados. El devastador terremoto estaba llegando a su fin. Se habían reunido fuera del hotel, junto a otros turistas. Las alarmas de los autos sonaban desesperadamente. El miedo estaba en sus rostros y en los de algunos lugareños que corrían llorando y pidiendo ayuda. -Hay gente sepultada- gritaban.

En Lima, el supermercado mostraba estantes caídos y botellas rotas en el piso. Lily ayudó a calmar a otras compañeras y a los clientes que habían tropezado al correr. Los guardias de seguridad iniciaron la evacuación general del local por temor a las réplicas. En las afueras, la gente se agolpaba en las veredas y algunos intentaban usar sus teléfonos móviles sin éxito. En el instituto, Eric tranquilizó a una compañera que lloraban en el pasillo y utilizó la luz de su móvil para guiar a los demás hacia el patio que ahora estaba a oscuras. Afuera ya estaban reunidos más estudiantes que habían salido de sus aulas. Mas allá, el teléfono público se rodeaba de chicos queriendo llamar a sus casas.

En Ica, al día siguiente, Betty despertó en un hospital lleno de heridos, su madre no estaba, no había sobrevivido al derrumbe de la iglesia. Esa mañana, los bomberos hallaron el cuerpo de Telmo dentro de lo que había sido su casa. Por la tarde y durante la noche un hombre buscaba desesperadamente, con una fotografía en la mano, a su hijo de nombre Carlos. Horas más tarde , unos vecinos ayudados con palas encontraron a su hijo debajo de los escombros.

Dedicado al 'tío' Telmo y a las más de 500 víctimas del fatídico terremoto 15A en Perú

martes, abril 17, 2007

La apuesta [RELATO]

-Acomódate Miguel, relájate. En la ultima sesión me hablaste de tu relación con Fátima y de cómo se acabó despues de 1 año. Ahora que ya estamos situados en tu pasado, quiero que me hables acerca de tu infancia y de tu familia. Muchos desajustes en individuos adultos tiene un origen en la niñez. Relájate, aquí tienes un vaso de agua. Cuéntame de cuando eras niño.
-Ok, doctora...


Miguelito no era más inteligente que los demás, pero tenía el suficiente sentido común para obtener buenas notas sin memorizar largos libros. Había aprendido a leer antes de ir al colegio gracias a un programa de TV conducido por marionetas. No necesitaba esforzarse demasiado en clase, pues su profesora le tenía un aprecio especial y lo veía como al hijo que nunca había podido tener.

A sus ocho años tenía muchas diplomas que celebraban su aprovechamiento académico, nunca mejor utilizado el término, ya que Miguelito aprovechaba lo mejor que podía de su capacidad: era sociable y popular. Tan popular como sólo un niño a su edad podía ser.

En casa, después de hacer sus deberes, solía jugar con otros chicos que se reunían a las afueras del edificio donde vivía con su madre y sus 3 hermanas. Su hogar no quedaba muy lejos del Mercado Central. El ambiente de barrio contrastaba con el de la escuela por su dureza y por la diversidad de familias que allí habitaban. La mayoría de chicos varones del lugar eran mayores que él. Razón por la cual, le tocaba ser el blanco de las malsanas bromas del resto, a quienes poco importaba la fama de Miguelito en una escuela a la que ellos no asistían.

En dicho mundo de niños-hombres, ya no existía profesora que lo felicitara, ni niñas que lo siguieran por su locuacidad. Aquella era la calle, y ahí ni siquiera Miguel era Miguelito, sino "Pelo Duro". Los chicos mayores frecuentemente se reían de su hirsuto cabello y de su nombre:
-¿Para tu pelo, no deseas que te preste un alicate?- Le decían algunos.
En la calle, hasta lo mas grotesco podía resultar cómico y "Pelo Duro" Miguel solía reírse de verse alternando sus dos mundos tan opuestos.

Un día jugando a las canicas.. desearon hacer apuestas, quien perdía debía pagar con algo de valor o un castigo. Todos aceptaron y jugaron mientras pasaban las horas e iba cayendo la noche. Los gritos de victoriosos resonaban en las paredes a medio pintar, y las groserías de los menos diestros acompañaban las negociaciones con stickers, canicas, golosinas y monedas pequeñas.

"Pelo Duro" Miguel no era los peores jugando canicas, pero luego de varias partidas y a causa de la poca luz, fue perdiendo poco a poco sus stickers de 'Michael Jackson' y sus canicas doradas compradas en Polvos Azules. Al final, cuando sólo los alumbraba un poste de luz, perdió el juego frente a dos de los chicos mas grandes del grupo. "Pelo Duro" Miguel ya no tenía nada de valor que ofrecer y tuvo que someterse al castigo que, según las reglas establecidas, ellos debían pensar.

Los dos chicos: uno corpulento y otro delgado intercambiaron frases en voz baja y lo apartaron del grupo explicándole que debía ir con ellos a la parte trasera del edificio y hacer lo que ellos digan. "Pelo Duro" aceptó sin dudar, el barrio tenía sus propias leyes y la más conocida era que uno debía encarar lo desconocido con valentía para ganarse el respeto de los demás: precisamente algo que "Pelo Duro" Miguel ansiaba obtener mas que sus diplomas y condecoraciones.

"Pelo" acompañó a los dos chicos a la parte de atrás del edifico, un lugar donde la luz de los postes no llegaba con facilidad. Detenidos en la penumbra, el más alto le dijo:

-Ahora te vamos a enseñar algo y tu tienes que mirarlo.
-Si deseas agarrarlo lo puedes hacer, dijo el más corpulento.

Miguel no imaginaba qué era lo que ellos querían enseñarle. No era lógico, tratándose de un castigo, que ellos fueran a enseñarle algo y que le permitieran tocarlo. A no ser, que aquello fuera desagradable.

Los chicos miraron alrededor para asegurarse de que nadie los veía y se pararon delante de Miguel mirándolo fijamente. El más corpulento procedió a bajarse el pantalón corto y los calzoncillos hasta el muslo. El más delgado sólo hizo a un lado la parte inferior de su short para dejar visible su sexo. Miguel observo a los dos púberes con sus miembros medio erectos y no supo que decir, fijó su vista en sus rostros.

-¿No vas a agarrarlo? dijo el más corpulento.
-Ya es suficiente, ya cumplió su castigo- dijo el chico delgado.

Rápidamente los dos se acomodaron sus prendas y regresaron con él al grupo. Los otros chicos se miraban entre sí y murmuraban. "Pelo" atinó a reírse nerviosamente ya sin muchas ganas de continuar. Luego de unos minutos que se hicieron larguísimos, "Pelo" se despidió y regresó a cenar a casa.

-¿Miguelito donde estabas?¿Ya hiciste tus tareas?- Le dijo su madre.
-Si mamá- Respondió aliviado de oír su nombre real.
-Ya no estés saliendo hasta tan tarde, va a parecer que no tienes casa!- Le dijo.
-Lo que tu digas mamá

Miguel cenó y se puso a ver TV junto a sus hermanas... el cuarto era pequeño y en el dormían los cuatro, incluyendo su madre. Luego de un rato se acostó en la cama y fue abandonándose al sueño donde se mezclaban canicas, stickers y; chicos mayores que se transformaban en su profesora, su madre, sus compañeras y un mundo en que a él lo respetaban por quien realmente era.


-Muy bien Miguel, hemos avanzado mucho- Dijo la psicoanalista.

sábado, marzo 03, 2007

Desconcierto [RELATO]

Miguel llegó apurado a la casa de Fátima en Surco. Ese día se presentaba 'Azar', la banda de Rock de uno de sus amigos, en un bar de Miraflores.

Su grupo de amistades, entre los cuales se encontraba uno que otro músico le habían oído comentar entusiasmado acerca de Fátima. Miguel pensó que sería la ocasión perfecta para que la conocieran. A diferencia de Fátima, él no tenía problemas en hacer pública su relación, es más, esperaba hacerlo ya, aunque ella por prudencia le había pedido, guardar discreción.

El grupo de chicos que lo esperaban en el local eran con lo que a veces Miguel se distraía haciendo música. La música era una pasión paralela que lo acompañaba hacía años y que le ayudaba a canalizar su energía y tiempo libre. Si bien no había tenido trascendencia con las bandas que había formado, no perdía la ilusión de hacerlo algún día, y tocar en lugares como el bar donde iba a presentarse su amigo.

El mes que llevaba con Fátima había tenido altibajos, ella se había estado sintiendo triste y a veces desconsolada. Miguel sentía que debía hacer algo para superar esos bajones que por momentos agobiaban la prematura relación. Lamentablemente las palabras que Miguel empleaba no surtían el efecto que Fátima requería. Su inocente retórica era aplastada con los racionales y prácticos argumentos de ella. A veces Miguel optaba por guardar silencio, ciertamente, no sabía lo que era romper después de seis años y tan solo sabía que Fátima necesita de su apoyo.

Tocó el timbre de la casa y la empleada lo hizo pasar. Miguel esperó en el salón mientras recorría con la mirada las fotos que estaban colocadas en los muebles junto a la lampara. Una de las fotos era un parque de diversiones, se podía distinguir claramente que era en el extranjero. En la foto aparecía Fátima de adolescente felizmente abrazada a sus dos hermanos menores y acompañda también por dos grandes muñecos de goma-espuma, era Disneyworld.

-Miguel, sorry...justo me llamaron por teléfono- dijo Fatima mientras lo saludaba con un beso.
-Ah está bien...¿ya estás lista? - preguntó Miguel, ignorando las ganas de preguntar quién le había telefoneado

Fátima tenía esa mirada de naturalidad que pocas veces abandonaba para entregarse a la fragilidad. Se sentó su lado y comenzó a hablarle. Empezó contándole del estado anímico que había experimentado en las ultimas semanas y del poco tiempo que habían tenido para verse después del trabajo. Luego comenzó a resaltar las virtudes que había ido encontrando en él y también empezó a decirle decirle lo mucho que lo apreciaba...

Fátima siguió hablando, pero para ese instante, Miguel ya no la oía. Él conocía perfectamente ese tipo de charlas. Conocía todas esas excusas que anteriormente él también había usado con otras chicas y sabía muy bien a lo que conducía ese extenuante diálogo: Fátima estaba terminando con él.

Miguel no la detuvo. Dentro de sí comenzó a sentir coraje. Pensó que tenía derecho a sentirlo, después de todo, a él le había tocado ser una víctima de las dudas de Fátima, e incluso de las amenazas de Francisco su ex novio. Poco a poco, el silencio se hizo cargo de la situación. Miguel miró los ojos color café de Fátima y le dijo:

-Tengo un concierto. Mis amigos me esperan... bueno, en realidad nos esperaban a los dos.
-No tengo cabeza para conciertos de rock- contestó Fátima.
-Esta bien, tengo que marcharme- dijo Miguel, con ojos de tristeza.

Fátima le pidió que se quede, pero Miguel no deseaba hacerlo. Ella había terminando con él a días de cumplir un mes, y ahora él era quien no tenía cabeza para más cosas, su cabeza ya estaba llena de mil ideas: el ex, el desamor, Fátima y su inseguridad de quererlo. Se marchó tomando un taxi rumbo a Miraflores.

La semanas siguientes fueron testigos de algunos tibios intercambios de miradas en la oficina y saludos fríos en los corredores. Nadie en el trabajo estaba enterado de la corta relación que habían sostenido los dos, así que, a ambos no les fue difícil disimular. Para Miguel la cosas tenían un aura de telenovela. La mujer que estaba a dos oficinas de la suya y que ahora lo estaba saludando como una compañera más, había sido su enamorada hace unos días y nadie lo sabía. -Si que es extraño- pensó.

Extraño también fue lo que vieron sus amigos músicos, el día del concierto, al verlo llegar al bar sin la chica que tanto les había hablado, y más extraño verlo abrir una cajetilla de cigarrillos cuando él pocas veces fumaba. Su mundo no podía empezar a ser más extraño.

viernes, enero 26, 2007

Lectura nocturna [RELATO]

La mujer sentada en el borde de la cama revisaba ayudada por sus gafas de lectura lo que parecía una envejecida hoja. La luz de la lámpara ayudaba a divisar con nostalgia, su nombre escrito en la primera línea. La solía revisar a menudo por las noches, desde ese día en que Rosa, su mejor amiga, se la entregó discretamente dentro de un sobre.

Camila:

Hoy te vi después de muchos años. Sonreías pero no te movías. La cámara fotográfica había congelado ese mágico instante. Feliz también se veía el hombre que te rodeaba con sus brazos mientras tu enseñabas orgullosamente un anillo. Me dio gusto verte así, tu felicidad era bastante contagiante.

Pienso en lo curioso que son los caminos de la vida y en el poco tiempo que nos damos para analizar cada uno de ellos. Recuerdo las palabras que no te dije esa noche en la que nuestra relación acabó. Recuerdo que, en ese momento, no pude ser todo lo sincero que debí haber sido. Recuedo que no te dije que había perdido la ilusión, recuerdo que no te mencioné que me estaba interesando por otra mujer. En esa ocasión fui un cobarde, lo reconozco. Por mucho tiempo tu dolor fue mi dolor, tus lágrimas fueron mis lágrimas y tu roto corazón fue el mío. No es fácil ser el villano de la película, espero me hayas podido disculpar.

De tí he conservado lo mejor: tu frescura, tu belleza, tu gran corazón y tu adorable mirada de desconfianza. Privilegiado yo por conocerte. Recuerdo tus intentos en remendar este viejo corazón que estaba hecho pedazos y que al final lograron que superara la triste experiencia con Fátima. Tuviste mucha paciencia conmigo y eso es algo que siempre recordaré.

Dicen que hay que ver hacia adelante y es lo que he tratado de hacer Camila. De el pasado sólo quedan recuerdos y de esos ambos tenemos bastantes. Deseo que a través de estas líneas sepas que te felicito por tu nueva familia. Te envío desde este lejano lugar, en el que me encuentro, un abrazo a la distancia y espero que nunca hayas dejado de sonreír. Siempre sonríe, tal como lo haces en esa foto vestida de novia, es la única foto que he podido ver después de tres años, y no fue fácil de obtenerla. La dirección de tu nuevo domicilio la desconozco, pero alguno de tus amigos cercanos me han prometido que te harán llegar este mensaje sano y salvo, ojalá no sea inoportuno. Ellos también te quieren mucho.

Miguel



Un bebé lloró en la habitación de al lado. Camila guardó el papel dentro de un libro y acudió al llamado de su hijo. Algún día él también se marchará, pensó. Lo unico que verdaderamente nos pertenece son los recuerdos, se dijo para sí.

viernes, enero 19, 2007

Declaración de guerra [RELATO]

El móvil sonó con fuerza, Miguel había ingresado hace unos días esa melodía en el teléfono, era una melodía alegre que coincidía con su estado de ánimo. Fátima había aceptado intentarlo con él y era su enamorada. Lógicamente le había pedido tener paciencia, puesto que su anterior ruptura no era fácil de sobrellevar.

El reloj marcaba las 8.00 am. El día anterior había sido extraño, Miguel acompañó a Fátima a su casa. Los dos se encontraban sentados en el salón cuando llamaron a la puerta: era Francisco, el ex novio de Fátima. Miguel sentía que su relación empezaba con dificultades pero sentía que esas cosas eran soportables porque Fátima lo valía. Una mujer como ella no se encontraba todos los días y había algo en su corazón que le animaba a continuar.

Cogió el teléfono móvil y observó que en la pantalla, no aparecía el número telefónico de quien llamaba:
-¿Aló? ¿quien es?. Preguntó Miguel.
-¿Eres Miguel no es así?. Interrogó una voz del otro lado.
-¿Sí?, ¿quién habla?
-Solo quiero decirte que tienes dos días de enamorado y ya eres un cornudo!. Dijo la voz
-¿Que? no entiendo, ¿quien eres?. Preguntó Miguel, sospechando de quién se trataba.
-Te deseo toda la infelicidad del mundo, ¡chao!. Francisco cortó la comunicación.

Miguel sintió un vacío en el estómago al reconstruir mentalemnte lo que había pasado el día anterior mientras él esperaba en el sofá. Francisco había besado y tocado a Fátima en el portal de su casa. Le preocupó que Fátima no le contara el incidente ¿ella lo habría consentido? ¿Francisco la habría obligado?. Sus dudas se sentían como hormigas en las entrañas. Lo peor era, según él, lo que temía que pase: Que Fátima lo deje para volver con su ex. La situación no se veía favorable y además cobraba un nuevo matiz: Miguel tenía ahora un enemigo. Francisco le había declarado la guerra.

La sensación era similar a lo que había experientado desde que empezó a salir con Fátima, es decir, de incertidumbre. Miguel no quería que las cosas salgan mal, pero el mundo nuevo que se abría ante él lo sorprendía con estos golpes. Miguel reparó que el miedo, la incertidumbre, la emoción y esto que sentía por dentro no podía significar otra cosa: estaba enamorándose.

miércoles, enero 10, 2007

Primer día de trabajo [RELATO]

El calor de verano se reflejaba en la frente de Miguel. Minutos antes, él había llegado temprano a este edificio en pleno centro financiero. Ese día era su primer día de trabajo.

Luego de unas breves presentaciones y coordinaciones con los responsables del área, Miguel, ya se encontraba sentado en un escritorio rodeado por tabiques de madera que lo separaban de otros escritorios similares al de él. Tenía enfrente un ordenador, así que procedió a sumergírse en la labor encomendada, mientras la mañana pasaba sin apuros.

Llegada la hora de almorzar, buscó en el comedor a Carmen, su compañera del instituto, quien ya llevaba una semana laborando en el mismo edificio que él.

-¿Como te va en este lugar? preguntó Miguel.
-Pues hay bastante gente amable, ya los irás conociendo. Contesto Carmen.
-Eso espero, hoy sólo he conocido a mi equipo de trabajo.
-¡Fátima! siéntate acá -señaló Carmen dirigiéndose a una atractiva chica que se dirigía a la mesa- Te presento a Miguel, compañero del instituto.
-Hola! saludó Fátima.
-Hola. ¿También eres nueva?, dijo Miguel.
-Las dos empezamos el mismo día, adelantó Carmen.

Miguel la saludó con cortesía y siguió charlando con ellas. La conversación transcurrió con normalidad, así como transcurrió ese y el resto de los días de la semana. Durante los días siguientes procuraron coincidir los tres en ese horario para contarse experiencias.

No pasó mucho tiempo para que Miguel fuera fijándose en la gracia y naturalidad que Fátima solía irradiar cuando conversaban. Los meses transcurrían y conforme Miguel se ganaba su puesto de trabajo, también se ganaba la amistad de Fátima. Charlaban seguido, solos o en grupo. Fue conociendo detalles, como que Fátima había estudiado en un colegio exclusivo de Lima, que era graduada de una importante universidad privada y llevaba un noviazgo de seis años. Dichos detalles constituían aspectos nuevos para él, y fueron los responsables de ir provocando una secreta admiración hacia ella. Fátima era una chica diferente a las que había conocido en el instituto, era alguien que le iba despertando una adorable curiosidad.

La confianza entre Fátima y Miguel fue creciendo y se hicieron amigos. Eran tan amigos como Miguel sabía ser, como parte de su juego de seductor, con las chicas por las que se interesaba. Se enteró, también, que la relación sentimental de Fátima no atravesaba su mejor momento, lo cual hizo que dentro de él naciera una luz de esperanza: Fátima podría estar disponible pronto.

Llegó el invierno, y con él la dolorosa ruptura de Fátima. Miguel estuvo a su lado, sabía que tenía que ir con cuidado. Pero conforme mas tiempo pasaba con ella, más le atraía.

Fátima, la mujer que pertenecía a un un mundo inexplorado por Miguel, no parecía serle indiferente del todo, los cumplidos, las largas charlas e invitaciones al cine se fueron dando posteriormente. Todo estaba saliendo bien y era cuestión de tiempo, creía él.

lunes, agosto 28, 2006

Reencuentro [RELATO]

Las pocas luces del local le daban un aire lúgubre, habían fotos colgadas en la pared tratando de disimular el frío ambiente del lugar. “Big Ben” se llamaba, y haciendo honor a su nombre, en él se respiraba melancolia. Demasiada melancolía para una noche de primavera en Miraflores. Miguel caminó por un corredor de mesas vacias, rumbo a lo que parecía otro ambiente más bullicioso desde el cual se oían risas y voces. Las siluetas de parejas al son de la música e dieron la bienvenida. Distinguió algunos rostros conocidos, entre ellos el de Carmen, la homenajeada. "Treinta años no se cumplen todos los dias" rezaba el e-mail de invitación. Y con buen gusto, ella misma había elegido ese lugar para celebrar tan especial fecha.

Miguel estaba acostumbrado a llegar solo a este tipo de reuniones. Desde hacía aproximadamente un año que había decidido dejar la apatía y soledad de su departamento para dejarse ver con más frecuencia en compromisos sociales. Había empezado a preocuparse nuevamente por su apariencia y hasta había recuperado los pocos kilos de su peso normal. Parecía que su autoestima había retornado, en consecuencia, se encontraba más seguro de sí mismo.

Diplomáticamente Miguel saludó a conocidos y desconocidos que fue encontrando camino a la mesa principal. Algunas de las caras que reconocía en la penumbra eran familiares. Cuando se acercó a la mesa una de las presentes volteó...y en milésimas, su mente tuvo que hurgar entre recuerdos mas duros para identificar a quién saludaba. A él le parecieron minutos, pero en realidad fueron segundos, recordó ese cabello que tantas veces acarició, recordó ese rostro que otras tantas besó, recordó ese perfume que muchas veces sintió tan intimamente, era Fátima.

En los dos años que habían pasado desde la última vez que la vio -en su casa-, siempre se preguntó que le diría si la volvia a ver. Muchas veces planeó palabras y reproches que brotaría con fluidez de su boca. Muchas otras calculó orgullosas frases de prefabricadas para un probable encuentro casual. Pero las cosas no siempre son como las esperamos...y mucho menos como las que siempre esperaba Miguel. En ese momento, él no estaba preparado para verla sorpresivamente delante suyo. Fátima, la mujer que dejó su corazón hecho un lamento y convertió su vida en una agonía, estaba nuevamente delante de él. Y Miguel no pudo hacer mejor cosa que...evitarla cobárdemente.

La oscuridad del local disimuló su confusion e hizo que la saludara con un tímido "hola" para luego hacerse camino entre la gente e instalarse en un rincón del ambiente.
Las discotecas nunca le habían gustado, no disfrutaba bailar como lo hacían los demás. Esta no era precisamente una discoteca, pero la gente bailaba como si lo fuera. Miguel dibujaba en su rostro una sonrisa desabrida. Las conversasiones poco interesantes y la melodía que sonaba estridentemente ya no le interesaban. La noche se extinguía, llevando y trayendo fantasmas que él pensaba superados.

-Si pues Carmen, tu email tenía razón: Treinta años no se cumplen todos los día. Pensó.

De regreso a su departamento, lloró.

domingo, mayo 28, 2006

¿Me pides un cigarrillo? [RELATO]

“...¿Me pides un cigarrillo?, dijiste. Sabías que yo no fumaba y que en esa reunión solamente conocía al gentil dueño de casa -quien tampoco fumaba-. Pero tu querías tu maldito cigarrillo. En el fondo, el cigarrillo era un pretexto, ya que tú querías ponerme a prueba. Conocías perfectamente mi dificultad para socializar, de mi estúpida personalidad y mi baja autoestima. Pero tú habrías querido que cruzara el salón, como todo un ganador. Habrías deseado que me acercara a ese grupo de 'chicos cool' y que pidiera un cigarrillo para tí: mi novia, ¿no?

Al notar mi duda me miraste con esos ojos que siempre reflejaban tu fastidio y me dijiste: ¿Ni siquiera puedes hacer eso por mi?.... y bueno, yo trataba siempre de ser el novio que tú esperabas que fuera. Así que lo hice. Crucé el salón, pasé entre parejas que conversaban animadamente y entre otras que bailaban, no me detuve hasta llegar al otro extremo. Debí verme tonto e inexperto cuando lo pedí ¿no?. Las tres chicas y el chico guapo me miraron extrañados. Yo regresé triunfante con un lucky strike entre mis dedos. Aunque creo que debí parecer más tonto e inexperto cuando tuve que regresar a pedir que por favor me lo encendieran...noté tu fastidio, tu desilusión que ya veía acrecentar semana tras semana. Nunca antes me había sentido tan inutil, ni tan poco hombre. Bueno, ese día comprendí que YO ya no era YO. Sino una extensión torpe de TÍ...”

Miguel miró por la ventana y se dio cuenta que había amanecido y seguía soñando despierto, miró el calendario y también se dio cuenta que ya había pasado un mes desde que Fátima lo había dejado por un chico guapo que siempre tenía un lucky strike a la mano.